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Gentrificación verde: las ciudades más verdes no son justas para todo el mundo

Meritxell Puente

Ingeniera técnica agrícola. Divulgadora y apasionada de la alimentación sostenible y el consumo responsable.

Me encanta ir a los parques, vaya a la ciudad que vaya siempre voy a visitar sus jardines. Quizá es un defecto profesional ya que durante muchos años ese fue precisamente mi trabajo: visitar parques y jardines en ciudades que no conocía y diseñar la mejor manera para mantenerlos y mejorarlos.

Ahora recuerdo las jornadas maratonianas a pie descubriendo ciudades a través de sus zonas verdes, plano en mano y mochila,  con más amabilidad que cuando las vivía.

El hecho es que nunca digo que no a un paseo por un parque, me suelo sentar en los bancos a leer y a echar alguna siesta debajo de un árbol cuando hace calor. Ahora que lo pienso ¡me he echado siestas en muuuuchos parques!

Las zonas verdes siempre me han parecido oasis en la ciudad, espacios en los que se amortigua el ruido, puedes estar sin hacer nada, tumbarte, observar y relajarte.

De hecho no son percepciones mías, hay estudios que dicen que la presencia de espacios verdes en las ciudades se relaciona con mejores niveles de salud mental en la población, afectando a los niveles de estrés, ansiedad, duración del sueño y hasta rendimiento académico.

Zonas verdes urbanas y cambio climático

Según las Naciones Unidas las ciudades generan hasta el 70 % de las emisiones antropogénicas (las provocadas por humanos) de gases de efecto invernadero. 

Ahora mismo la población mundial que vive en las ciudades representa el 55% del total y se prevé que sea del 68% en 2050. Teniendo en cuenta que ahora mismo consumen entre el 60 % y el 80 % de la energía, está claro que nos enfrentamos a un reto.

Con estas cifras, es evidente que el cambio climático es una de los temas que debería estar en los primeros puntos de la agenda de todas las ciudades.

Por otro lado, la misma arquitectura de las ciudades (con mucho más gris que verde) las hace vulnerables a los efectos metereológicos del cambio climático como las lluvias torrenciales o el aumento de la temperatura.

El hecho de tener ciudades más verdes ayuda a mitigar los efectos de estas lluvias torrenciales y permite  gestionar mejor el agua (recurso cada vez más limitado) favoreciendo la infiltración y no la escorrentía.

Las ciudades más verdes son también más frescas porque los árboles  bloquean parte de la luz solar y enfrían el aire mediante la evapotranspiración. Sin embargo, en las ciudades más grises el asfalto absorbe calor del sol durante el día y por la noche lo devuelve al ambiente, haciendo de las ciudades un horno en verano.

Parece claro que para tener unas ciudades más sostenible hay que fomentar sus zonas verdes, ¿no es así?

¿Y si te digo que las ciudades más verdes no son justas y saludables para todo el mundo?

El fenómeno de la gentrificación verde

Si no te suena la palabra gentrificación, tienes aquí la definición según Wikipedia (la RAE no la tiene incluida):

Proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado —o en declive— a partir de la preconstrucción —o rehabilitación edificatoria con mayores alturas que las existentes— que provoca un aumento de los alquileres o del coste habitacional en estos espacios.  Esto induce a que los residentes tradicionales abandonen el barrio —y se afinquen en espacios más periféricos—, lo que produce que este «nuevo» espacio termine por ser ocupado por clases sociales con mayor capacidad económica que les permita afrontar estos nuevos costes.”

Entonces, ¿puede existir una gentrificación ligada a los parques y jardines de las ciudades? 

Sí y tiene nombre propio: gentrificación verde.

Se usa el término gentrificación verde cuando la población original de un barrio de clase media-baja o baja es desplazada por nuevos habitantes de mayor poder adquisitivo que llegan a la zona atraídos por la proximidad de nuevas zonas verdes.

¿Por qué construir nuevas zonas verdes puede que no sea bueno para todos?

Generalmente cuando se construyen zonas verdes nuevas en los barrios menos “rehabilitados” de las ciudades, se empiezan a “revalorizar” sus pisos.

De repente el barrio luce mejor, es más agradable, tiene más espacios para el ocio, el deporte, para estar en familia, etc. así que sube el precio de los alquileres  y de la compra en la zona.

Este fenómeno atrae a vecinos de mayor poder adquisitivo que pueden pagar más por las mismas viviendas y lo hacen. Con ellos llegan también los negocios y comercios con precios más altos.

Sin embargo, los vecinos de las clases sociales más desfavorecidas no pueden afrontar los nuevos precios ni la especulación inmobiliaria  así que tienen que acabar marchándose a otras zonas, menos “verdes” y con una calidad de vida más baja.

Así pues, los colectivos ya de por sí más vulnerables se quedan al margen de los beneficios que pueden llegar a tener las nuevas zonas verdes de su barrio sobre su salud.

Por este motivo, es frecuente que a medida que las ciudades se van haciendo más verdes, se vuelvan también más injustas.

Alternativas más sostenibles para reverdecer las ciudades

Si dejamos de pensar en las ciudades como “modernas urbes verdes del siglo 21”, es decir desde la premisa que para hacer sostenible un barrio hace falta una gran inversión en infraestructura verde, podríamos evitar la gentrificación verde. 

Un cambio de mentalidad basado en la premisa de que las zonas verdes son para el disfrute de los habitantes hará que los vecinos se sientan incluidos y partícipes de ellas.

Para que las zonas verdes beneficien a los vecinos de los barrios deben ser:

  • Accesibles para el disfrute de todos (con espacios de reunión y descanso)
  • Aceptadas por los vecinos (no deberían verse cómo parques “escaparate” que funcionen como imanes para turistas)
  • Adaptadas a las necesidades particulares de sus habitantes (si es un barrio con una población envejecida será mejor instalar pequeños huertos y pistas de petanca que parques infantiles)

Éste cambio de mentalidad además tiene tienen que conseguir, a mi juicio, que las zonas verdes consigan:

  • Fomentar la sostenibilidad y la biodiversidad
  • Formar y educar sobre ecología a los vecinos
  • Permitir participar a los vecinos en su diseño exponiendo los proyectos ante las asambleas de barrio y asociaciones varias del barrio.
  • Permitir participar a los vecinos no sólo en su disfrute sino en su mantenimiento (mediante jornadas voluntarias de plantación, recogida de frutos, etc.)

Sólo de esta manera las zonas verdes serán espacios a medida de las necesidades de cada barrio, se irán adaptando según las necesidades de sus habitantes y lo más importante, los vecinos las sentirán como suyas.

¿A ti no te gustaría tener un parque cerca del que poder disfrutar pero además aprender sobre plantas, insectos, cosechas y dónde conocer mejor a los vecinos con los que convives?

 

Gracias por leerme, para mí es muy importante saber que hay personas detrás de la pantalla a la que esto le puede resultar útil.

¡Salud y sostenibilidad!

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